Artículo publicado en la producción del DVD
“Raíces”
producido por el Banco Popular de Puerto Rico
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Música Puertorriqueña par ir a la
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Bambulaé sea allá,
La bomba y la plena: compendio histórico-social
por Luis Manuel Álvarez y
A.G. Quintero Rivera
Los significados de la bomba
Bomba tambor, bomba baile, y bomba canto
La bomba es una de las principales raíces y troncos de la
música puertorriqueña. Junto a géneros hermanos a
lo largo del Caribe -rumba en Cuba, tumba en Haití, Cuba o
Curazao, palos en Santo Domingo, gwo-ka en Guadalupe, bámbula en
Nueva Orleans y Santa Cruz, punta en Honduras, Belice y otras zonas de
caribes negros en Centro América…-, constituyen raíces y
troncos de la música caribeña, una de las expresiones
musicales de mayor vitalidad e impacto en el mundo contemporáneo.
Bomba significa originalmente tambor, y ha venido a denominar
también un tipo de música donde el tambor ocupa un lugar
protagónico o central. Esta música se caracteriza por el
uso de, al menos, dos tambores, uno que lleva un ritmo básico y
otro que florea o repiquetea, es decir que elabora de forma improvisada
enormes variaciones sobre ese toque básico.
Bomba es también baile y canto. Se canta para ser bailada
y se baila para improvisar pasos estimulados por o en diálogo o
"controversia" con el tambor que repiquetea. Bomba ha venido a
significar, pues, también este ritual de comunicación
entre sonido y movimiento, entre toques rítmicos, cantos,
repiqueteo y baile.
Existen varios ritmos básicos sobre los cuales se monta este
ritual, y el término bomba se ha convertido también en
una categoría para agrupar a los diversos estilos de baile que
se identifican con los toques o ritmos básicos. Por ello se
habla de los ritmos de bomba.
La palabra bomba para significar tambor proviene de África, del
ashanti bombaa. Existe además el término mbomba en
Angola que es una danza festiva de carácter mítico y
ngomba en el Congo como toque de tambor.
En casi todas las culturas existen tambores, pero su papel en la
elaboración sonora varía enormemente. En la
tradición europea, a partir del siglo XVI la expresión
sonora fue concentrando en la melodía y, enfatizando una
regularidad de tiempos simples, los tambores fueron relegados
paulatinamente al papel de acompañantes.
En la música africana, por el contrario, se consideraron los
tambores como fundamentales para la elaboración musical, no solo
como "acompañantes". (Aunque es preciso aclarar que la
música africana incorpora también una diversidad de
instrumentos para el desarrollo melódico.) Esta
tradición valora, junto a la melodía, las
variaciones rítmicas (que estimulan la creatividad
coreográfica) y, por consiguiente, a los
instrumentos de elaboración rítmica por excelencia, los
instrumentos de percusión y, entre ellos, de manera prominente,
los tambores. Por ello no es de sorprendernos que en diversos lugares
de América tan lejanos entre sí, como el Caribe,
Venezuela, Ecuador, Brasil y Paraguay a donde se llevaron
africanos como esclavos, palabras africanas para tambor (como
bámboula y bomba) fueran los términos con los cuales se
denominaría la música más apegada a la herencia
africana.
En Puerto Rico los africanos se trajeron principalmente para trabajar
en la industria de la caña de azúcar. Los tambores de
bomba en áreas cañeras -como la franja entre Ponce y
Guayama- se construirían, por consiguiente, con barriles
utilizados para envasar melazas y ron; de aquí que se conozcan
las bombas como barriles, o barriles de bomba. Ponce era el principal
puerto de exportación, sobre todo de productos derivados de la
industria azucarera.
En Loíza (y probablemente en otros lugares circundantes a San
Juan, el principal puerto de importación) se usaron barriles de
tocino, siendo éste principalmente importado, al contrario de
las melazas y ron que exportábamos.
Existen dos tipos de tambores de bomba: el tambor primo o primer
barril, también llamado requinto o subidor en Mayagüez, y
el tambor segundo, burlador, buleador, o seguidor. La
función rítmica del tambor segundo es la de mantener un
patrón o toque rítmico de bomba constante y estable que
sirva de base para la improvisación del tambor primo, que es el
que dialoga con el bailador solo. En la voz folklórica el
buleador "manda" y el primo "florea".
Los bailadores, en parejas o grupo siguen el toque básico del
buleador, mientras a nivel individual desarrollan hermosos movimientos
creativos en controversia con el subidor. Es muy significativo
culturalmente que en el tipo de sociedad desde donde emergió la
bomba, su ritual simbólico sea que el colectivo manda y el
individuo florea.
Como otros tambores del Caribe (bongoes, timbales, etc. a nivel popular
contemporáneo; y premier y second en Haiti, make y boulé
en Guadalupe, garaón primero y garaón segundo entre los
garífunas, etc. a nivel folklórico), nuestros barriles se
denominan también como "macho" y "hembra". El buleador, de
sonido más grave, se construye con un cuero de cabra que por sus
partos exhibe mayor flexibilidad, y se identifica "hembra"; mientras el
subidor, de timbre más agudo, se construye con un cuero de chivo
que es más rígido, y se identifica como "macho". Entre
los tambores la hembra "manda" y el macho "florea", muy significativo
para sociedades matriarcales, como las caribeñas, donde la mujer
constituye el tronco familiar central.
Esta denominación, macho y hembra, se conserva en las panderetas
de plena. Resulta curioso que la tradición ponceña
utiliza sólo las bombas hembras, tal vez porque sólo las
mujeres cantan
La bomba, incorpora otros instrumentos: tradicionalmente, todos de
percusión: maraca, cuás y -en Loíza- güiro.
Se le llama cuá o cuás a los palos con los cuales se
percute en los costados o madera del barril seguidor o sobre una base
hecha de bambú o un pequeño barril sin parche. Se
utilizan para mantener una clave rítmica continua. La o las
maracas siempre se tocan con una sola mano
Bomba baile
Como en la danza puertorriqueña, los bailes de bomba comienzan
con un paseo, lo que se conoce como pasear la bomba. Esta
sección se interrumpe de súbito con los repiques del
tambor primo que invitan a la controversia entre sonido y movimiento,
entre el bailador y el subidor.
La bomba es un evento comunal que estimula tanto la
participación colectiva como la expresión individual.
Antiguamente una variante leró (del francés les roses)
era una coreografía colectiva, conformando la forma de flor.
Existe evidencia histórica también de bailes de bomba de
parejas como baile social.
El estilo de baile tradicional más común al presente es
la forma de un círculo que sigue el ritmo básico del
buleador mientras canta el coro, del cual sale una pareja o un
individuo que improvisará creativamente movimientos en
diálogo con los floreos del tambor primo. A estos le
seguirá una cadena de improvisadores.
Cuando sale al ruedo una pareja, después del paseo inicial, se
da la oportunidad a cada uno de improvisar solo, aunque normalmente
hace referencias a pasos que ha ejecutado su pareja anteriormente.
Bomba canto
La bomba tradicional nunca se canta sin bailar. El canto
acompaña al baile. Es canto responsorial, de "llamada y
respuesta", donde una voz colectiva -el coro- comúnmente los
mismos bailadores en círculo, repiten en estribillo la idea
central, mientras el solista elabora variaciones a ese tema.
Coro
Yubá,
yubá,
Yubá la mariné,
Repícame esa bomba
Yubá la
mariné
Solista
Yubá, yubá
Yubá la mariné,
repícame esta bomba
Yubá la mariné
Esa bomba tradicional o "folklórica", tiene muy poca letra. El
texto es comúnmente complemento del ritmo, sin intensión
de distraer la función principal de esta música, que es
el baile. Más bien la letra enfatiza una idea central.
Esa ausencia de palabras evoca ese “primer piso” afrocaribeño de
nuestra sociedad, privado de voz: los esclavistas acostumbraban agrupar
esclavos procedentes de distintas regiones africanas que hablaban
lenguas distintas, para que no pudieran comunicarse entre ellos. La
comunicación, más que con palabras, se establecía
pues con los ritmos, las expresiones corporales y los toques de tambor,
que son los que llevan en la bomba el papel protagónico.
La herencia africana en la bomba no se encuentra sólo en los
ritmos, en el papel protagónico del tambor y del baile, sino
también en la estructura poética de su parca letra. Su
estilo de fraseo musical es muy similar a muchos cantos africanos:
frases cortas repetidas que cierran con la misma repetición
expandida en una frase más extensa:
Canto de
Camerún
Uala uhela unene
é
Uala uhela unene
é
Uala uhela unene é sambe: emgue u otxa uana é
é.
Bomba puertorriqueña
Yo oí una voz
Yo oí una voz
Yo oí una voz divina del cielo del cielo que me llamó
Esta estructura poética se lleva también a la plena:
Cortaron a Elena
Cortaron a Elena
Cortaron a Elena y se la llevaron pal hospital
En la bomba del sur se acostumbra a que el solista sea una mujer quien
además toca la maraca. En esa tradición sureña las
mujeres son las que cantan, alternando el solo y coro, mientras son
varones los que tocan los tambores sentados en horquetillas sobre
éstos.
En la tradición del norte, también los hombres cantan.
Tocan sentados frente al tambor. Solamente se sientan sobre el
instrumento cuando un buen bailador o bailadora reta al primo. Ante un
especialmente estimulante reto del bailador o bailadora, el tocador se
sienta sobre el instrumento persiguiendo al bailador o bailadora con
toques más enérgicos y agresivos resultando en una
excelente controversia de baile y tambor.
Bomba ritmo
Para oídos europeos acostumbrados a fijarse principalmente en
los instrumentos melódicos, puede parecer que el tambor suena
siempre igual. Pero un buen tocador puede sacarle una variedad
enorme de timbres al barril, tocando en las esquinas del parche donde
suena más agudo y percutiendo en el centro que suena más
grave y profundo. Existen diferentes estilos o toques y cantos de
bombas en distintas regiones costeras de Puerto Rico. También
los golpes se ejecutan con diferentes dinámicas: fuertes, tenues
o apagados. Igualmente el cuero puede golpearse con distintas partes de
la mano creando variaciones de sonido. Parte fundamental de la gran
riqueza sonora de la bomba se encuentra en el colorido de las
variaciones enormes de toques y timbres de los buenos tocadores de
tambor.
Se han conservado más de 20 variantes de bomba identificadas con
nombres específicos, con distintos cantos y toques. En el sur se
llaman sones de bomba, y seises de bomba en el norte. De estas
variantes los ritmos más comunes empleados en la música
popular son el sicá, el holandé y el yubá.
Además de éstos, son comunes en la tradición
folklórica ponceña el güembé y el
leró. En Loíza los ritmos folklóricos más
característicos son el corvé y el seis corrido. En la
tradición de Cangrejos, Rafael Cepeda añade la
importancia del gracimá, como estilo de gran fuerza expresiva.
Bomba ritual o Fiestas populares
La bomba se interpreta como entretenimiento los domingos o fines de
semana, en espectáculos y bailes sociales, o se interpreta como
parte de fiestas rituales populares como el Carnaval de Ponce y las
Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza. Estos eventos
están poblados de personajes con disfraces llenos de coloridos y
profunda simbología cultural. Como los vejigantes (en gran
medida simbolizando la africanía), caballeros (simbolizando la
tradición católica española), y otros creados por
la imaginería popular o modificados de las tradiciones europeas
de carnaval u otras africanas.
En estas y otras celebraciones similares se forman comparsas en las
cuales se interpretan bombas y plenas durante todo el festival, pero en
Loíza se mantiene más apegado al ritual de significados
simbólicos. Sólo se baila bomba en momentos
específicos del calendario ritual: entre junio y agosto en
fechas que conmemoran el nacimiento y muerte de San Juan Bautista,
teniendo como punto climático las fiestas de Santiago a mediados
de este período.
Historia de la bomba
La bomba es nuestra música más representativa de la
herencia africana. Esta herencia se remonta a los negros ladinos que
vinieron como españoles en la colonización y a los negros
llamados bozales que fueron traídos desde Africa. Muchos de los
esclavos no vinieron directamente de África, sino desde otras
islas del Caribe con un mayor desarrollo de la economía
esclavista. De estas nos llegaron también muchos negros
escapados -cimarrones- que eran declarados libres al llegar al
país. La presencia del Caribe afrofrancés es
evidente en la nomenclatura de muchos de los ritmos y cantos de bomba,
como el leró, balancé, danué, paulé…
También una de las formas de bomba se conoce como
holandé en referencia a las islas colonizadas por Holanda,
como Curazao.
Es significativo que en la tumba francesa haitiana y cubana aparezcan
varios términos idénticos a los usados para las variantes
de nuestra bomba: sicá, bamboula (para nosotros
bámbulaé), jubá (en la bomba, yubá) y
grasimá.
Contrario a la mayoría de las islas del Caribe, en Puerto Rico
debido al cimarronaje siempre hubo más negros libres que negros
esclavos. En el momento de la abolición la proporción era
de 10 negros y mulatos libres por cada negro y mulato esclavizado. La
importancia de los mulatos y negros libres es fundamental para entender
las diferentes vertientes de bomba, sobre todo en áreas de la
periferia urbana, como Santurce o San Antón en Ponce, con todo
ese mimetismo hacia las clases superiores, manifestado en la vestimenta
y ciertas poses o giros. "El alma de Puerto Rico hecha canción"
-la mulata Ruth Fernández- recuerda la elegancia de la bomba que
llamaban "el minuet de los negros".
El primer cuadro costumbrista que se consideró “clásico”
en la literatura puertorriqueña, El Gíbaro de Manuel
Alonso de 1849 divide la música profana del país en
aquel momento en dos tipos: los bailes de sociedad que eran,
señala, “eco repetido de los de Europa” y los bailes de garabato
(jíbaros) que identifica como “los propios del país”, no
sin mencionar además, de pasada, un tercer tipo
los de los negros de Africa y los de los criollos de Curazao (es decir,
del Caribe negro) (que) no merecen incluirse bajo el título de
esta escena, pues aunque se ven en Puerto Rico, nunca se han
generalizado.
En otras palabras, a los bailes de bomba se los ghettoiza, se les niega
merecer incluirse en “el cuadro de costumbres”, en lo que se concibe
como legítima representación del país.
Sin embargo, en las grabaciones que realiza el antropólogo
J. Alden Mason en 1915 al 1917 se registran numerosas bombas, por
primera vez a nivel de grabación. Entre estas bombas antiguas
aparecen formas híbrida, como el aguinaldo de bomba, que
evidencia los procesos de integración entre la tradición
jíbara y la costera. Ejemplos posteriores de este proceso de
integración se observan en la plena-bomba-aguinaldo de
Canario La negra Mercé donde los cuás tocan bomba
sicá, el motivo armónico es de un aguinaldo
orocoveño mientras el bajo tumbea con un Seis Villarán y
la melodía sigue una clave de samba.
En 1949 la musicóloga María Luisa Muñoz
señalaba que la bomba parecía estar
extinguiéndose: "la bomba…cultivada en Puerto Rico, con
más o menos rigor, hasta mediados de este siglo (xx)…va
desapareciendo de nuestro panorama folklórico, aunque aún
viven algunas personas que la recuerdan, por haberla bailado en sus
años mozos"
Para los años 50, la Orquesta Panamericana dirigida por Lito
Peña y Rafael Cortijo y su Combo insertan bombas en su
repertorio ampliando su dimensión de música regional
folklórica a música popular. Dentro de este nuevo
ámbito dirigido al baile social en parejas se inicia una nueva
categoría de bomba como género de música popular.
Uno de los nuevos hits que se quedaron en la tradición fue la
bomba popular de Lito Peña, cantada por Ruth Fernández:
"La bomba hay que rica es
me sube el ritmo por los pies
mulato busca tu trigueña
pa' que bailes bomba, bomba puertorriqueña"
Es interesante que la palabra bomba en la tradición
jíbara del seis bombeao -como llamada para interrumpir
momentáneamente la música y declamar una copla- (uso que
se retuvo también en Santo Domingo y en Cuba) tomara nueva vida
con esta bomba popular. Hoy en día las bombas-coplas del antiguo
seis jíbaro se cantan casi siempre con esta bomba de Lito
Peña.
En la década del 1950 la bomba se incorpora también a los
ballets, tanto folklóricos como "clásicos". Se empieza a
generalizar el reconocimiento del baile de bomba como arte, y algunas
familias que lo practicaban como parte de su tradición y su
cotidianidad, se constituyen en grupos para ejecutarla a nivel de
espectáculo. Los primeros fueron la familia Cepeda de la
tradición de Santurce y los Hermanos Ayala de la
tradición de Loíza.
A estas familias "folklóricas" se le unieron para los
"espectáculos" de bomba otros grupos constituidos por bailarines
interesados en rescatar y desarrollar el arte de la bomba, entre los
cuales podemos mencionar a Areyto, Sylvia del Villar, Mayombe de
Loíza, Guateque de Corozal, Calabó de Cangrejos abajo
(principalmente Carolina) y el grupo Paracumbé, de procedencia
diversa pero que concentra en la bomba sureña de Ponce y Guayama.
A principios de la década de 1970, se fundan los Festivales de
bomba y plena, que a su vez estimulan la formación de grupos
musicales y coreográficos en torno a estos géneros. En
los 1990 William Cepeda empieza a fusionar la bomba con el jazz. La
canción -Cosa nuestra- con la cual se inicia su último CD
Afrorican Jazz Branching Out – Expandiendo Raíces, junta en jazz
flamenco, bomba y aguinaldo (con ribetes también de salsa),
redondeando sonoramente esta historia.
En la transformación de sus contextos, hoy en día la
bomba está más generalizada en Puerto Rico que nunca
antes en su historia. La enorme mayoría de los
puertorriqueños reconocen su valor artístico y muchos
jóvenes están aprendiendo a bailarla y a tocarla.
Historia social de la plena:
Como género musical, nace a principios del siglo XX, aunque su
vocabulario rítmico puede encontrase ya en la danza, la
guaracha, la rumba y otros géneros caribeños previos.
Generalmente la asociamos con las barriadas… con el arrabal o zonas
cañeras asociadas con las rutas del ya desaparecido tren. La
tradición la ubica como emergiendo en Ponce, pero hoy la plena
es de todos los puertorriqueños, uno de los géneros
más populares en todo el país.
Por el carácter barrial y costero de sus orígenes tiende
a hermanarse a la bomba. Y, de hecho, comparten muchas
características: es música responsorial -de solista y
coro-, sus instrumentos principales son membráfonos y, como en
la bomba, unos llevan el ritmo básico y otros repiquetean.
También, su ritmo básico comparte la clave del
holandé. Pero, contrario a la bomba, sus instrumentos son de
fácil movilidad, como sumamente móvil era entonces la
vida del trabajador: moviéndose en cuadrillas al corte de
distintos predios de caña durante la zafra y
buscándoselas en los muelles, en la pesca, en la
construcción o en el chiripeo en los meses de bruja, o "tiempo
muerto".
Bastaban dos pleneras (panderos o panderetas), como en la bomba "macho
y hembra", primo y seguidor. Aunque frecuentemente eran tres,
acompañadas de la sinfonía de mano, a veces guitarra o
cuatro, güiro, maracas, bongós y marímbula.
Contrario a la bomba, en la plena la letra es extendida y muy
importante. Tiende a ser narrativa, más que lírica:
cuenta sucesos, casi siempre de la cotidianidad y en forma
satírica. Por eso se le llama "el periódico del barrio".
Como "periódico", por la importancia de la letra, contrario a la
bomba la plena puede cantarse sin bailarse. Y cuando se baila, aunque
se acostumbra en los bailes populares a "pedir piquete", el
diálogo coriográfico con el primo es mucho más
soslayado, y se baila normalmente en parejas.
Algunos de nuestros músicos más conocidos tuvieron un
importante papel en popularizar la plena. Para los años de 1920
y 30 se popularizaron plenas de Rafael Hernández, como Cortaron
a Elena, Tanta vanidad, Temporal y Pa'Borinquen. El marino mercante
Manuel Jiménez "Canario", que había sido primera voz en
el Trío Borinquen de Rafael Hernández, fue en esa
época el más famoso popularizador de la plena.
Además de las plenas del jibarito Rafael, popularizó de
otros compositores, propias o del folklore.
Los grandes trovadores como Ramito, incorporaron plenas en su
repertorio, rara vez con panderos, sino más bien en el formato
del conjunto "jíbaro" de cuatro, guitarra, güiro y
bongós. La plena se extendió también por las zonas
campesinas.
En los años cincuenta Cesar Concepción convirtió
la plena en baile de sociedad vistiéndola con el formato
instrumental del llamado big band (gran orquesta para el baile social).
Interesantemente sus plenas fueron casi siempre temas inspirados en
pueblos, reforzando la vinculación del género con el
movimiento, con el nomadismo.
Muy poco después la Orquesta Panamericana de Lito Peña y
el Combo de Rafael Cortijo cantando Ismael Rivera popularizan plenas
dirigidas también al baile social en parejas, pero
reinyectándole una vitalidad distinta más identificada
con su origen proletario original. También se distinguió
al respecto la Orquesta de Moncho Leña cantando Mon Rivera
(Ramón Rivera Alers).
Como señalamos en la sección de la bomba, principios de
la década de 1970, se fundan los Festivales de bomba y plena,
que a su vez estimulan la formación de grupos musicales. La
mayoría de éstos conserva una vinculación barrial
que los caracteriza: Los pleneros del Quinto Olivo, Los pleneros de la
23 abajo, Los pleneros de la 21 en Nueva York, Los sapos del
caño, entre muchos.
Aunque existen villancicos muy antiguos que utilizan su vocabulario
rítmico, como
Los Tres Santos Reyes los
tres y los tres
los saludaremos con divina fe,
En las últimas décadas se ha popularizado el utilizar la
plena como género de parrandas navideñas. Las parrandas
con panderos son hoy más comunes que las tradicionales de
guitarra y cuatro, y muchos aguinaldos se "plenean".
La plena se hace popular también como música de comparsa,
fiestas callejeras y carnavales. La más concurrida de estas
fiestas hoy, las Fiestas de San Sebastián en el Viejo San Juan,
se han convertido en un importante momento de reunión de
pleneros y se escuchan plenas toda la noche en cada esquina.
Por su arraigo popular, las plenas se han utilizado ampliamente para la
propaganda comercial y política. En las últimas
elecciones todos los partidos acompañaban sus actos de
proselitismo con plenas.
Su histórica vinculación con el mundo obrero popular se
reitera en la protesta contra la injusticia y la corrupción,
contra lo que considera un ultraje social, un abuso de poder del
patrono, o del gobierno. La vinculación de la plena con las
huelgas es evidente. Hoy en día es raro el piquete obrero que no
esté acompañado de plena.
La presencia extendida de la bomba y la plena en la música
puertorriqueña
Puerto Rico es un pueblo mulato y la herencia africana está
presente de muy diversas maneras en la música del país.
La música jíbara está colmada de ritmos de bomba,
aunque normalmente no nos damos cuenta, por estar estos ritmos
melodizados en el cuatro, un instrumento con un sonido muy diferente al
tambor. La frase melódica principal de uno de los aguinaldos
más antiguos que se conocen, el clásico Si me dan
pasteles, tiene el ritmo de una de las variantes de bomba. Aparece otro
ritmo de bomba también en uno de los aguinaldos más
difundidos, el cagüeño. Y en el más difundido de los
seises para improvisar en duelos de trovadores, el Seis
fajardeño, la bomba está nuevamente presente en la
melodía del cuatro.
La danza puertorriqueña está claramente marcada
también por la bomba. La Borinqueña, por ejemplo, hoy
nuestro himno nacional, está montada sobre el metro africano de
la clave e incluye además frases melódicas con ritmos
característicos de aquella:
Fragmento de la
versión
“folklórica” de La
Borinqueña
En una bomba contemporánea marcada de giros de jazz, uno de los
más jóvenes músicos descendientes de la familia
Cepeda, William vincula la danza con la bomba, presentes ambas en la
fiestas de Santiago Apóstol de Loíza a la cual dedica su
composición.
La bomba y la plena están presentes muy marcadamente en
distintos géneros de la música popular
puertorriqueña contemporánea. La salsa, por ejemplo, que
los cubanos han querido internacionalmente presentar como
básicamente son, está colmada de bombas y plenas. Estos
géneros aparecen en la libre combinación salsera de muy
diversas maneras. En ocasiones se utilizan ritmos de bomba en la
polirrítmia salsera. En otras es el esqueleto básico de
la composición, como en Ghana ‘e de Willie Colón cantada
por Héctor Lavoe en el LP La gran fuga de 1971. Ghana ‘e
cuyo propio título evoca esa nuestra otro madre patria, es en
realidad un invento salsero, pero sobre la base de la bomba
sicá. La canción es líricamente pura onomatopeya,
evocando el mundo privado de la palabra desde donde la bomba
surgió.
En muchos discos de salsa aparecen composiciones que abiertamente se
identifican como bombas. Es el caso de Bomba del corazón de
Eddie Palmieri junto a su cantante Ismael Quintana. Para uno de sus
últimos CDs El rumbero del piano del año 97, Pamieri
compuso dos nuevas bombas. El Gran Combo incorpora también
bombas en su discos de salsa, como muchos otros.
No sólo los puertorriqueños hemos incorporado la bomba a
la salsa. Rubén Blades compuso y grabó Raíz de
sueños de su CD Caminando de 1991 que entrelaza la bomba con el
merengue y así abiertamente lo anuncia al comenzar la
canción. Con gran frecuencia se recogen en la salsa elementos de
la bomba más allá de sus ritmos característicos,
elementos como la importancia del contrapunto entre los tambores
burleador y repicador que enfatiza la composición
Biatá de José Nogueras en el LP de Ismael Miranda
con Willie Colón, Doble energía de 1980. Biatá
intenta reenfatizar la importancia de esa "Doble energía": la
continuidad y la ruptura, la tradición y la invención, lo
esperado y lo sorpresivo, el tiempo mítico y el tiempo
histórico.
Solista
“¡Soy el guíiiaaa!”,
dice el tumbador.
“Si pierdes la clave
conmigo la encuentras,
en fiesta de cueros
yo marco el sendero
en mí está la fuerza.”
Coro
Soy antillano
de
corazón
soy tamborero
para hablar de amor.
Solista
Yo soy antillano
Yo soy borincano
Toco los tambores
le canto al amor.
Coro
Soy antillano
de
corazón
soy tamborero
para hablar de amor.
Solista
tamborero
tamborero, tamborero
tamborero, tamborero
que repico y tengo sabor.
Respecto a plenas en la salsa, entre muchos posibles ejemplos, nos
parece especialmente impactante La era nuclear de Willie Colón
de su LP Criollo del 1984 de tema socio ecológico aún tan
vigente, que reproduce la tradición épica de la plena, no
sólo sus ritmos. La bomba y la plena marcan también
muccho de la Nueva Trova, el rock isleño, el rap y el pop.
Están también muy presentes en la música
“clásica” del país. Los grandes compositores de la
llamada escuela “neo-nacionalista” vinculados a la atmósfera del
proyecto populista de los años 50 utilizaron la plena en su
intensión de configurar un lenguaje “clásico
puertorriqueño a la altura de sus tiempos". Amaury Veray tiene
por ejemplo una composición para ballet titulada Cuando las
mujeres quieren a los hombres (que incorpora un grupo de plena a una
agrupación sinfónica); Héctor Campos Parsi compuso
una titulada sencillamente Plena; y Jack Delano Las brujas de
Loíza. En su Sonata para viola (o clarinete) y piano –obra
seleccionada por Doña Inés Mendoza para que se tocara en
su entierro- Delano evoca, sin citar directamente, la sonoridad de la
plena y utiliza claramente ritmos de bomba.
Varios compositores contemporáneos de formación
"clásica" han basado composiciones sobre la bomba y la plena:
por ejemplo, la Alvarada de bomba de Luis Manuel Álvarez,
Improvisación sobre la plena Temporal del 1991 de Alfonso
Fuentes o las composiciones para guitarra Bomba y Plena del
compositor nuyorican hoy viviendo en Bayamón William Otriz
Alvarado, piezas grabadas en el CD Freedom Flight de 1998.
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